kunderon dice: uruguasho uruguasho!! bmos kuuun

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atleticofa dice: GIL CABRÓN FUERA DEL CALDERÓN!!

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gregorycoupet dice: enga va buena defensa

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rojiblancovk dice: tierra llamando .....al kun responde???

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zapatones2008 dice: venga a por el segundo

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FMG dice: Forlan grande de verdad

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mirandinha dice: De caza a los Pajaritos ¡¡¡¡¡

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HIJOdeNEPTUNO dice: GOLAZO ENTRE SIMAO Y FORLÁN!!

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zapatones2008 dice: gooooooooooooooooool

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gregorycoupet dice: GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL

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zapatones2008 dice: joder,q partido mas aburrido

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atleticobcn22 dice: PLATINI HIJO DE PUTA

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KunTorres91 dice: vamos atleti dale ke oyy ganamoss!!


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Rubén uría: "más sangre que en una de sam peckimpah"

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Por JAVIDELUGO

JAVIDELUGO

el 07-10-2008 a las 01:52:15


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Rubén uría: "más sangre que en una de sam peckimpah" (#2381373)

Más sangre que en una de Sam Peckimpah

[por Rubén Uría]

Antes de esta noche, el Camp Nou intuía que se dirimirían dos grandes batallas sobre sus verdes praderas. Primero, la batalla global, donde Barcelona y Atlético, dos aspirantes al título, debían pugnar en clave de campeonato. El Barça llegaba con la artillería pesada a punto, con luces y sombras después del viaje a Ucrania, y con la duda razonable de saber cual es el techo del libro de estilo de Pep Guardiola. El Atlético comparecía con una doble y contradictoria sensación: la de una realidad cruda que presentaba un equipo diezmado, que invitaba al pesimismo; y la de esa tradición no escrita que augura que el Camp Nou es el escenario favorito para el Atlético cuando se trata de matar a la contra. La segunda batalla de la noche apuntaba a lo particular. A dos argentinos livianos, menudos, con un centro de gravedad enano, un 10 cosido a la espalda y una capacidad indudable para conjugar el verbo maradonear. Desde la banda asomaba el perfil de Messi, la pulga atómica que desparrama rivales a su paso y que, cuando agarra la pelota, se asemeja a un potro desbocado que lleva una bola de fuego pegada a la bota. Con el área enemiga como hábitat natural, asomaba Agüero. Un talento puro del potrero, un manual propio del fútbol de barrio, un tigre dormilón del área que derrocha descaro e imaginación. Antes de esta noche, el ruido mediático y las comparaciones (odiosas pero atractivas), se centraban en saber quién se sentaría en el trono de D10S. Ese debate, esa curiosidad, ese duelo, duró dos minutos y cincuenta y nueve segundos. El tiempo que tardó Márquez en dejar, con el culo al aire, a toda la defensa (ejem…) del Atlético de Madrid. Cabe suponer que mañana el cielo y la tierra, el mar y no sé cuantas cosas más se abrirán para hablar de las excelencias del Barça y de la calidad innegable de Messi. Leerán una línea, escondida, triste, sin pena ni gloria, dedicada a Agüero. Entonces entenderán qué sencillo es parecer el mejor del mundo en el Barcelona y qué duro resulta ser aspirante a Maradona en el Atlético de Madrid. Esta noche, el Barcelona hizo tanta y tanta sangre en la piel del Atlético, que el equipo de Cerezo (al que le gusta tanto el cine) pareció una de esas inolvidables películas de Sam Peckinpah. Una de esas en las que el malo lleva tantos disparos en el cuerpo que la sangre le brota como si se tratase de un chorro a propulsión. Del cadáver andante que fue el Atlético manó tanta y tanta sangre, fue tan imparable la hemorragia, que incluso algún despistado llegó a pensar que La Tomatina se celebraba este año en Barcelona. Acabó 6-1.

Ganar y gustar siempre ha sido obligación perenne para el Barcelona. Lo fue con Cruyff, con Van Gaal, con Rijkaard y ahora lo sigue siendo con un símbolo catalán y un icono barcelonista como Guardiola. A Pep se le exige que su equipo haga disfrutar al público, y él entiende que, para llegar a ese objetivo, los primeros en disfrutar de su fútbol deben ser sus jugadores. El fin último del Barcelona es tratar bien el balón porque sólo así trata bien al espectador. Apoyado en esa lírica-teórica, el Barcelona resulta una pléyade de estrellas que, cuando tiene la noche, resulta una máquina de jugar a fútbol. Si además el equipo rival (lo de rival es un mero eufemismo aplicado al Atlético de esta noche) se empeña en envolverte los goles en papel celofán, pues miel sobre hojuelas. Busquets puso desparpajo, Márquez colocación, gol y garra; Xavi clase y criterio por arrobas, Iniesta desborde y uno para uno, Etoo se mostró hambriento de gol y Leo Messi acuchilló el corazón del Atlético cómo y cuando quiso. Fue, en suma, un recital de toque, desmarque y profundidad, que acabó coreado por el público con el clásico grito taurino. “Olé”.

Atlético, nada que declarar. Ganar en el Camp Nou suele ser la resultante de tres tópicos para los visitantes. Uno, realizar un gran partido. Dos, que el Barcelona no encuentre su ritmo; y tres, golpear en el momento preciso. El Atlético, desoyendo a esa tradición no escrita que versa sobre que le tiene tomada la medida al Camp Nou, se pasó por el forro de las pelotas las tres premisas. Uno, realizó un simulacro de partido que llegó a ser un insulto para la inteligencia de sus hinchas. Dos, dejó que el Barcelona se pusiera a jugar (porque a la mayoría de sus jugadores no se les caía la cara de vergüenza de sólo mirar); y tres, aplicó lo de golpear en el momento preciso a cagarla justo en ese momento preciso. Concretamente, en el minuto tres. Márquez, más sólo que la una, hacía el primero. Iturralde, ufano él, se iba al punto de penalti en un derribo infantil de Ujfalusi a Messi, que hacía el segundo. En el minuto ocho la afición del Atlético de Madrid entendía el significado de la palabra payaso al ver cómo Coupet ensayaba el número de la cabra.

Hasta la fecha, los críticos teorizaban sobre la mejoría sensible del entramado defensivo del Atlético. Otros, minoría confesa, susurraban en voz baja “Kun y 10 más, hazme caso”….Después de esta noche, habría que ver debajo de qué socavón podrían esconderse esos críticos. Hace cinco años, el Atlético se definía a sí mismo como un equipo donde sus delanteros arreglaban lo que estropeaban sus defensas. Esta noche volvió por sus fueros. El Atlético fue un mono de feria amaestrado. Dócil, saltarín, gracioso, divertido hasta rayar en un punto ciertamente cruel. Heitinga pensó que el partido comenzaba a las nueve y media, así que tardó treinta minutos en tocar una sola pelota. Perea y Antonio López llegaron un cuarto de hora tarde a la masacre. Ujfalusi debió ser abducido por un clon marciano, porque pareció un niño de primaria, y Raúl García anduvo a la deriva durante absolutamente todo el partido. El único que fue puntual a su cita con la mediocridad fue Gregory Coupet, vestido para la ocasión de amarillo huevón. Se tragó el primero, no pudo hacer nada en el segundo y dejó para el Museo de la Jugadas Tonta de la Semana. Encajó un gol que no se lo hubieran metido ni a Fernando Tejero en “Días de Fútbol”. Maxi maquilló el rímel de Coupet con un chutazo, Etoo volvió a desnudar las miserias de una defensa de papel y el festín lo cerraron Gudjohsen y, abróchense los cinturones, Henry. Si, también resucitó ese “muerto” el Atlético de Madrid. El francés, peleado con el gol desde hace la intemerata, aprovechó que el Atleta parecía un “puching-ball” y también le corneó con un gol. Fue la estocada final para un Atlético que llegó al Camp Nou como un toro bravo y que salío de la Ciudad Condal como un toro manso y asustado.

Esta noche, el Barcelona hizo tanta y tanta sangre en la piel del Atlético, que el equipo de Cerezo (al que le gusta tanto el cine) pareció una de esas inolvidables películas de Sam Peckinpah. Una de esas en las que el malo lleva tantos disparos en el cuerpo, que la sangre le sale a borbotones y le brota a chorro.  Messi y compañía desangraron al Atlético. Antes, en sólo cinco minutos, el propio Atlético ya se había encargado de abrirse las carnes haciéndose el hara-kiri. Aguirre, cuando faltaba media hora, mandó a descansar a Agüero. Eso, precisamente eso, fue lo único bueno que hizo el Atlético de Madrid en toda la noche. El resto de sus compañeros siguió escenificando La tomatina. Pensaban que estaban en Buñol.

Posdata: Recibo un SMS “cariñoso” sobre la actuación del Atlético a eso de las 00:19. El mensaje contiene menciones al acto fisiológico de ir de vientre, a la cojera vitalicia, al fracaso, al ridículo y a una palabra que no suele estar en el vocabulario de los futbolistas, “vergüenza”. Dos minutos después, recibo otro SMS aún más “cariñoso” de un colega de profesión afín al Barcelona. Cierra su mensaje con un alegato tan sincero como estremecedor “Habéis durado tres minutos, el resto fueron los minutos de la basura”. Leo detenidamente el mensaje, agarro el teléfono con inmediatez y respondo: “Mentira, el Atlético jugó noventa minutos de auténtica y verdadera basura”.

Fuente: http://elhacha.wordpress.com/2008/10/04/mas-sangre-que-en-una-de-sam-peckimpah/

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