La historia de Luis, es la crónica de cómo se apalea a un atlético. La viva imagen del Torres sobrevalorado, o el Kun tramposo, extrapolada al abuelo-piltrafa. Que conste en acta que estos son adjetivos inferidos por el enemigo (sí, enemigo, no adversario), y que un consumidor del Atleti sin marca ni hostias se limpia el culo con ellas. De norte a sur, y vuelta a empezar.
Bastantes de los que ahora escriben columnarios que te rilas, o forjan opiniones masivas como si las gentes fueran zánganos de colmena, eran humillados por los atléticos de los 60 y los 70 en plan casero. Les ganaban bastantes partidillos del recreo, cuando en una clase salía un Equipo titular del Atleti con reservas y todo. Les metían con cierta frecuencia el dedo en el ojete, en el momento que se sentaban a tomar el café mañanero de todo buen “currito”. Envidiaban en muchos casos a los jugadores Rayados, así, en plural, porque el Atleti los tenía. No solo a un potrero, ni a un pecoso puntual, no: codiciaban a tres o cuatro que se los traerían a ojos cerraos a aquella parte del Madrid deportivo que con tanta cadencia solía ser zurrada domésticamente por la otra. La Rayada.
Otros articulistas, de culo, medraban entradillas en el Manzanares, o se colaban por el Metropolitano en sus años mozos, queriendo ser aún parte de un equipo de Fútbol, mientras comprobaban la monstruosa transformación política y mediática que convulsionaba a los de Castellana. Allí, entre esas Rayas, pervivía el refugio al Fútbol sencillo; al Fútbol pre-lobby. A tal punto, que se contaba con un tal Grifa. Mezclado con otro tal Gárate. Sí, aquél del fatídico hongo. Aquél que oyó decir a Di Stefano, “Nuestro rival, es el Atleti. Es el que nos puede joder”. Luego, esos articulistas, de culo, pusieron el ídem y se entregaron a la orgía de chachis y dabutens que ofrecía a granel el portadismo, contraportadismo y saportismo del rey del kiosko y el mambo-mambrino.
Y, unos desde fuera. Y, otros desde dentro. Acabamos jodiendo la gallina de los huevos de oro. Solo fue ya la gallina de los huevos grandes. Al Atleti, lo hemos tenido a la deriva. Zarandeado por la prensa, como si se tratara de un Aragonés decrépito, inservible y viejo. Sombra de los que debieran de estar por decreto divino. Obstáculo para los que han de ser noticia y portada. Pequeño y malherido juguete en manos de un corleone burgués, o un estudiante de veterinarias.
Ayer, tres hijos repudiados hicieron historia. Formando parte de todos los que nos sentimos españoles. Dijeron al mundo entero, a través de la cadena “Europa Se Rinde”, que tiran de la cadena. Se ciscan en todo el pupismo, el papismo y el pedorrismo. Que se lo lleve a casa con un lacito, quien quiera. Ellos, no. Son Campeones de Europa. En otras tierras, que consideran tan suyas como el Atleti. Pues aquí, en esta SAD, no está bien visto ser profeta a la orilla del Río. Y siempre conviene recordar, zánganos colmeneros, que debemos de estar contentos de vender nuestra estrella a un gran club. Sea “9”, entrenador, leyenda o la pvta que parió. Las marcas, ya no entienden de sentimentalismos. El Fútbol, es un negocio. Los clubes, empresas...
Y, ¿qué coño hacía uno ayer lagrimeando de pura emoción y sentimiento...?
Os puedo jurar sobre los estatutos de fundación del Club Atlético de Madrid, que este cura no ha llorado nunca por negocio, banco o empresa alguna por las que ha pasao. Pasaos de listos.
Si España era como el Atleti, sigue la senda.
Reivindicate, Grande.
S I E M P R E E S P A Ñ A
S I E M P R E A T L E T I.-
PD: Luis Aragonés Suárez, leyenda local y nacional, presidente de honor del Club. Hay que ir haciendo camino...