E. INDA M. CERDAN / A. RUBIO
MADRID.- Gil y Gil usó documentación falsa para que los socios le reconocieran en 1991 una deuda inexistente de 1.986 millones de pesetas.
Sin embargo, el presidente del Atlético de Madrid había cobrado ya el dinero adelantado para fichar jugadores.
Jesús Gil y Gil estafó al Atlético de Madrid al cobrar dos veces los 1.986 millones de pesetas que había adelantado para el fichaje de jugadores del primer equipo. Esta es una de las conclusiones que se extraen de la querella presentada por el fiscal anticorrupción en el caso Atlético, que comenzará a verse mañana en la Audiencia Nacional.
El presidente rojiblanco y alcalde de Marbella empleó documentación presuntamente falsa para que la Asamblea de Socios del Atlético de Madrid le reconociera una deuda de 1.986 millones. El supuesto engaño tuvo lugar en septiembre de 1991.
La querella presentada por el ministerio público dice textualmente: «Gil y Gil proporcionó deliberadamente a los socios información inauténtica respecto de la existencia del importe de la deuda y consiguió así, mediante engaño, que la Asamblea le reconociese una deuda de 1.986 millones».
Gil y Gil aseguró a los compromisarios de la entidad rojiblanca que este débito era consecuencia del dinero que había puesto para la adquisición de jugadores de la primera plantilla.
Los compromisarios cayeron en la trampa, no pusieron ninguna objeción y dieron el plácet a la pretensión de Gil y Gil, que fue elevada a escritura pública el 22 de enero de 1992 -en ella figuran 1.942 millones de pesetas-.
Pero no había ningún débito que reconocer. «La deuda no se correspondía con la realidad», puntualiza el acusador público, «toda vez que la integridad de las cantidades adeudadas a Gil estaban contabilizadas y pagadas».
Gil y Gil se atribuyó, como pago de la supuesta deuda, «la totalidad del contenido patrimonial transmisible a terceros de los derechos de cesión y transferencias de los jugadores».
El presidente rojiblanco no sólo se quedó con los 13 jugadores que había abonado, y posteriormente cobrado, sino que extendió sus derechos sobre los 30 profesionales de la primera plantilla. A saber: Acosta, Aguilar, Aguilera, Alfaro, Diego, Futre, Sempere, Patxi Ferreira, Donato, José Antonio Gómez Romón, Pedro, López, Losada, Mejías, Moya, Orejuela, Nelson Ortiz Acosta, Tomás, Abel, Rodax, Juan Francisco Rodríguez Herrera, Sabas, Manolo, Alfredo, Soler, Bernd Schuster, Solozábal y Vizcaíno.
Lo peor de todo es que los 13 jugadores sobre los que Gil y Gil había constituido derecho de prenda no costaron 1.986 millones. «El precio de adquisición de los jugadores había ascendido a sólo 1.232 millones», recuerda la Fiscalía Anticorrupción.
Dicho en otras palabras, Gil y Gil infló el precio de los jugadores que había fichado adelantando dinero de su patrimonio personal.
La historia tuvo su continuación el 30 de junio de 1992, cuando el club se transformó, in extremis, en Sociedad Anónima Deportiva (SAD).
Gil y Gil y su vicepresidente, Enrique Cerezo, se hicieron con el 94,5% del Atlético con créditos ficticios. Los 1.950 millones que dijeron haber desembolsado jamás llegaron a las cuentas del club, nunca engrosaron el capital social.
Los únicos que sí satisficieron el importe de sus acciones fueron 3.174 socios del Atlético. La masa rojiblanca invirtió 112 millones en el club de sus amores. Este dinero terminó en las cuentas personales de Gil y Gil, con la excusa de la deuda inexistente que se había hecho reconocer con documentos falsos.
O, lo que es lo mismo, Gil y Gil se apropió, indebidamente según el fiscal, de estos 1.986 millones.
La vida al revés. El ministerio público ha acreditado que no sólo el Atlético no le debía una sola peseta sino que, por el contrario, Gil y Gil adeudaba «44,3 millones» al Atlético de Madrid el 30 de junio de 1991.
La Inspección de Hacienda va más allá, hace historia y cifra en «633 millones el saldo favorable al Atlético de Madrid y en contra de Jesús Gil y Gil al final de la temporada 1990-91».
«Por lo tanto», resume el escrito, «no había ninguna deuda que reconocer ni que pagar en enero de 1992».
El alcalde de Marbella siguió siendo moroso del club de la ribera del río Manzanares en los meses posteriores. Lo relata el fiscal en la querella criminal interpuesta en julio pasado: «Tal situación de desequilibrio patrimonial entre la sociedad y su presidente, con saldo favorable a aquélla, se reprodujo según la Inspección de Hacienda, al final de la temporada 1992-93».
Al término de la campaña 92-93, Gil y Gil adeudaba al Atlético de Madrid un total de 234 millones.