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Así empezó la guerra civil

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Así empezó la guerra civil (#7684774) el 17-07-2011 a las 14:05:02

 

 Cuando se cumplen 75 años del inicio de la guerra civil, los argumentos de los historiadores franquistas han sido desempaquetados de nuevo: el conflicto empezó en el 34, el Alzamiento impidió una revolución socialcomunista, el asesinato de Calvo Sotelo lo desencadenó... Volvamos la vista atrás para redescubrir lo evidente: una conspiración militar, jaleada por la derecha, decidida desde el mismo momento en que no se aceptó la derrota electoral y se optó por las armas.

Diario del golpe

El 17 a las 17. El 17 de julio de 1936, a las cinco de la tarde, debía empezar la rebelión militar en Marruecos, para extenderse a España paulatinamente entre el 18 y el 21 de julio. Este es un diario de una conspiración militar que desde el primer día proyectó una carnicería.

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Soldados que han abandonado las filas rebeldes desfilan puño en alto por la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 20 de julio.

Soldados que han abandonado las filas rebeldes desfilan puño en alto por la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 20 de julio.

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Foto de archivo, tomada en Tenerife a principios de julio de 1936, de una comida celebrada por los jefes y oficiales de las Guarniciones de Canarias, bajo la presidencia del comandante general de Canarias, general Francisco Franco, en la que se ultimaron algunos detalles relacionados con el alzamiento.

Foto de archivo, tomada en Tenerife a principios de julio de 1936, de una comida celebrada por los jefes y oficiales de las Guarniciones de Canarias, bajo la presidencia del comandante general de Canarias, general Francisco Franco, en la que se ultimaron algunos detalles relacionados con el alzamiento.

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Un grupo de guardias de asalto, cuerpo que se mantuvo fiel a la República, en la calle de la Diputació el 19 de julio.

Un grupo de guardias de asalto, cuerpo que se mantuvo fiel a la República, en la calle de la Diputació el 19 de julio.

Domingo 16 de febrero
CONTRA LAS URNAS
El Frente Popular vence de forma apurada en las elecciones a las Cortes, con 4,6 millones de votos, 151.000 más que la unión de las derechas. El programa frentepopulista propugna reemprender las reformas sociales prometidas con el advenimiento de la República. El general Francisco Franco, jefe del Estado Mayor, y el líder derechista José María Gil-Robles proponen anular las elecciones y una acción militar inmediata, que el director de la Guardia Civil y el ministro de la Guerra rechazan. El desprecio a la vía democrática no será consecuencia de la gestión del Gobierno de izquierdas, sino la reacción que militares y derechas se plantean de entrada ante la derrota electoral.


Viernes 21 de febrero
MEDIDAS PREVENTIVAS
El nuevo Gobierno de Azaña, un gabinete republicano moderado, sin ministros socialistas, destina a plazas periféricas a los militares más peligrosos: Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona. Irónicamente, esta decisión dibuja cuál será el mapa del alzamiento militar.


Domingo 8 de marzo
LA PRIMERA REUNIÓN
Primera reunión en Madrid «para acordar un alzamiento que restableciera el orden», horas antes de la marcha de Franco. Acuden Mola, Franco, Rodríguez del Barrio, Fanjul, Varela, Orgaz, Saliquet y Kindelán. Se reconoce al exiliado Sanjurjo como jefe. Franco insiste en esperar a que la situación se agrave.


Viernes 14 de marzo
BRAVATAS FALANGISTAS
José Antonio Primo de Rivera es detenido después de que pistoleros falangistas tirotearan al socialista Luis Jiménez de Asúa. Desde la cárcel llamará a una «gran tarea de reconstrucción nacional» que llegará después de una «santa cruzada de violencia».


Miércoles 25 de marzo
LA PRESIÓN DEL CAMPO
Presión campesina para que el Gobierno vaya más allá de la reforma agraria de 1932. En Badajoz, 60.000 campesinos movilizados por los socialistas ocupan 3.000 fincas. Durante esos meses se distribuyen 555.000 hectáreas, poniendo en pie de guerra a los terratenientes. La embajada británica alarma a su Gobierno informando de que las condiciones «son muy similares a aquellas de la Rusia anterior a la revolución bolchevique».


Miércoles 15 de abril
LA DERECHA HABLA
Las Cortes destituyen a Niceto Alcalá Zamora como presidente. Gil-Robles responde amenazante en las Cortes, una semana después: «La mitad de la nación no se resigna implacablemente a morir. Si no puede defenderse por un camino, se defenderá por otro (...) cuando la guerra civil estalle en España, que se sepa que las armas las ha cargado la incuria de un Gobierno».

Jueves 23 de abril
RETÓRICA REVOLUCIONARIA
Durante la primavera se desarrollan concentraciones públicas de las milicias socialistas y comunistas. El 23 de abril desfilan 35.000 personas por la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla.

Sábado 25 de abril
LA VIOLENCIA DE MOLA
Primera instrucción reservada de Mola. Que la represión será encarnizada, con ejecuciones sumarias de los militares que no se sumen al golpe, de las autoridades republicanas y de los militantes de izquierdas es una decisión clara desde el primer momento: «Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo».

Lunes 11 de mayo
LARGO, IRRESPONSABLE
Azaña accede a la presidencia de la República. El sector radical del PSOE, dirigido por Largo Caballero, impide que los socialistas entren en el Gobierno con Prieto, cabeza de la sección moderada. El republicano Casares Quiroga, que demostrará su incapacidad para atajar la conspiración a pesar de las numerosas pruebas, quedará al frente del Gobierno, mientras el ala izquierda del PSOE sigue desestabilizándolo. Mientras, la CNT descarta en Zaragoza la vía insurreccional.

Lunes 18 de mayo
LA INICIATIVA MILITAR
Mola establece que se formen juntas militares en cada división orgánica y provincia a cargo de oficiales de la Unión Militar Española, de quienes dependerán los sectores civiles implicados. El 18 de mayo queda constituida la Junta Militar de Defensa Militar de Catalunya, presidida por el teniente coronel Francisco Isarre.

Martes 19 de mayo
DISCURSO TREMENDISTA
Calvo Sotelo insinúa que el Ejército debe actuar. La derecha describe un panorama de desorden generalizado. La violencia política durante el periodo se cobra 444 muertes: entre ellas, más de izquierdas que de derechas, y ningún sacerdote o religioso. Casares Quiroga presenta un programa en el que se declara beligerante ante el «fascismo que quiere una guerra civil» pero advierte a las izquierdas de que tampoco tolerará «actos de violencia». Todos lo desbordarán.


Lunes 25 de mayo
PRIMER PLAN DE REBELIÓN
Primera instrucción de Mola en la que fija planes militares.Deben caer sobre la capital columnas de tres divisiones orgánicas: la 7ª (Valladolid), la 5ª (Zaragoza) y la 6ª (Burgos). La 8ª (La Coruña) y 4ª (Barcelona) deben limitarse a «mantener a raya a las masas proletarias». La 3ª (Valencia) debe amenazar a Madrid o apoyar a Barcelona si esta peligra. Mola no cuenta con ganar Madrid y Sevilla, y ordena que Marruecos, Canarias y Baleares queden «en actitud pasiva» como reserva.


Viernes 5 de junio
EL OBJETIVO
Mola establece los objetivos políticos iniciales de los sublevados. Deberá constituirse un Directorio Militar que creará un «Estado fuerte y disciplinado» y que durante su periodo de gestión se comprometerá a «no cambiar el régimen republicano». El restablecimiento de Alfonso XIII (que rechazarían falangistas, carlistas y parte de los generales) no está en el orden del día.

Viernes 12 de junio
UN GOBIERNO CÁNDIDO
Casares Quiroga propone al sospechoso Yagüe dejar su mando en Ceuta. El coronel, al frente de los preparativos en Marruecos, se niega. Casares cree en su «palabra de honor» de no rebelarse y lo mantiene en este destino clave.

Miércoles 17 de junio
UN PÍCNIC EN CANARIAS
Franco se reúne con jefes y oficiales de Tenerife en los pinares de la Esperanza. «Nos juramentamos a seguir ciegamente y con fe inquebrantable, dándole así la confianza plena en estas guarniciones», explica uno de los presentes.

Sábado 20 de junio
ÁFRICA ENTRA EN JUEGO

Quinta instrucción reservada de Mola, que modifica el plan militar del golpe. Incorpora a la marcha sobre Madrid a dos columnas del Ejército de Marruecos que deben cruzar el Estrecho y marchar hacia la Meseta por Despeñaperros. Franco y Yagüe dejan de tener un un papel secundario en el dispositivo militar. «Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes que aquel que no esté con nosotros está contra nosotros», anuncia Mola. En todas las guarniciones, los sublevados ajustan sus turnos de vacaciones para estar en sus puestos a finales de julio.

Martes, 23 de junio
EL SIBILINO FRANCO

Carta de Franco a Casares Quiroga. Le sugiere que el Ejército será leal si se le trata con propiedad. ¿Aún duda de sumarse al golpe, temeroso de un fracaso (una actitud que irritaba al resto de sublevados, que llegan a apodarle Miss Canarias 1936) o se trata de un engaño? «Franco no hará nada que le comprometa: estará siempre en la sombra, porque es un cuco», comenta Sanjurjo.

Sábado 27 de junio
UN SECRETO A VOCES
El Estado Mayor Central alerta de un «inmediato movimiento militar» que «partirá de provincias o tal vez de África» y argumentará que quiere prevenir un golpe «violento de izquierdas» del que «no hay noticias algunas que permitan creer de su realización».

Domingo 5 de julio
UN AVIÓN PARA FRANCO

Juan Ignacio Luca de Tena, propietario del ABC, encarga a su corresponsal en Londres, Luis A. Bolín, que alquile un avión para trasladar a Franco de Canarias a Ceuta, para ponerse al frente del Ejército de Marruecos.

Sábado 11 de julio
QUEIPO SE PREPARA

Queipo de Llano, responsable de los carabineros, llega a Sevilla para asegurar el éxito del golpe ante la resistencia de los oficiales de máxima graduación de la capital andaluza. A menudo se olvida que solo 5 de los 11 comandantes de las divisiones orgánicas y comandancias y 4 de los 21 generales de división se rebelarán.

Domingo 12 de julio
FRANCO, ESPECULANDO
Franco envía un mensaje en clave que irrita a Mola («geografía poco extensa»), en el que indica que aún no está dispuesto a pronunciarse. En cambio Yagüe, tras las maniobras del Ejército de África en el Llano Amarillo, escribe a Mola para asegurarle que todas las fuerzas estarán en sus bases, esperando órdenes, el 16 de julio. «Tengo todo preparado; los bandos de guerra hechos. No dudo un momento en el triunfo». Mola se plantea seguir sin Franco y pedir a Sanjurjo que se ocupe de Marruecos.

Lunes 13 de julio
EN EL PEOR MOMENTO

Miembros de la Guardia de Asalto vengan el asesinato del teniente Castillo por un grupo de falangistas, la noche anterior, matando al diputado monárquico José Calvo Sotelo. El mecanismo del golpe ya estaba en marcha antes, pero el asesinato acaba de decidir a algún indeciso. Es el caso, de creer en sus palabras, de Franco.

Miércoles 15 de julio
TODOS EN SUS PUESTOS
Los carlistas se suman al movimiento. Hasta ese momento, su dirigente, Fal Conde, había puesto como condición que se liquidara la República de forma inmediata para proclamar al pretendiente Javier de Borbón regente. Entre el 15 y el 17 de julio llegan a los líderes sublevados mensajes en clave que indican que el golpe empezará en Melilla, «el 17 a las 17». A partir de ese momento, se debe producir una serie de levantamientos en cadena. Mola renuncia a una acción simultánea para evitar una salida en falso si se lanza una contraorden y esta no llega a todos. Esta opción, en cambio, ofrecerá posibilidades de reacción al Gobierno. Se constituye el Comité Nacional de Defensa Confederal de la CNT-FAI-AIT ante un golpe que «no puede ni debe ser una sorpresa».

Jueves 16 de julio
UNA MUERTE OPORTUNA
El comandante de Las Palmas, Amadeo Balmes, muere de un tiro al probar una pistola. Eso permitirá a Franco abandonar Tenerife para asistir al entierro en Gran Canaria, donde sospechosamente ya le estaba esperando el Dragon Rapide. «A todas luces da la impresión de ser un asesinato bien planeado», opina el historiador Ángel Viñas.

Viernes 17 de julio
LA CARNICERÍA EMPIEZA
El general Batet se entrevista en Irache por la mañana con el general Mola para disuadirlo. Este le da su palabra de honor de que no se sublevará. A las 5 de la tarde los rebeldes salen a la calle en Melilla. Al anochecer suenan las cornetas y tambores y se lee un bando firmado por Franco: «Hago saber: una vez más, el Ejército, unido a las demás fuerzas de la nación, se ha visto obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de españoles (...) se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República, no solamente en sus apariencias o signos exteriores sino en su misma esencia». En todo el protectorado se aplican las normas de ejecución previstas por Mola, que se repetirán en toda España: destitución de los jefes militares fieles, declaración del estado de guerra, ocupación de los centros de poder civil y servicios públicos, detención de los militantes de izquierdas y ejecuciones sumarias. En la noche del 17 al 18 de julio hay solo en Marruecos 225 fusilados.


Sábado 18 de julio
EL DÍA DE FRANCO

A las 5.15 horas, Radio Las Palmas difunde el bando de Franco que acaba con una proclama: «fraternidad, igualdad y libertad». A las 8.30 horas, el Gobierno de la República radía un comunicado. «Se ha frustrado un nuevo intento criminal contra la República. (¿) el Gobierno declara que el movimiento está circunscrito a determinadas ciudades del Protectorado y que nadie, absolutamente nadie, se ha sumado en la Península». Lo peor no es que las autoridades republicanas se engañen, sino que apenas toman medidas preventivas. A las 10 horas, el coronel Sáez de Buruaga envía un telegrama a Franco comunicando que son «dueños absolutos de todas las plazas de Marruecos» y que puede aterrizar en Tetuán o Larache para que fuerzas de Marruecos se pongan «a sus órdenes». A las 14 horas despega el Dragon Rapide de Gando. Hace escala en Casablanca, con Franco de civil y con el bigote afeitado, y no llegará a Tetuán hasta el día siguiente. Aunque el 18 de julio sea la fecha que pasa a la historia (a pesar de que Franco en ese momento solo aspiraba a obtener el Alto Comisariado de Marruecos), ese día solo sale a la calle el Ejército en Canarias, Sevilla, Córdoba y (sin éxito) en Málaga.

Domingo 19 de julio
EL DÍA DE LA VERDAD

El 19 de julio, a las horas fijadas, se desarrolla el grueso de la revuelta. Alzamientos exitosos en Ávila, Burgos, Cáceres, Cádiz, Huesca, Logroño, Oviedo, Palencia, Mallorca, Pamplona, Salamanca, Segovia, Soria, Teruel, Valladolid, Vitoria, Zamora y Zaragoza, y finalmente derrotados en Ciudad Real, Barcelona, Girona, Madrid, Lleida y Albacete. Resistencia desigual de milicias obreras y fuerzas de seguridad.

Lunes 20 de julio
EL JEFE SE ESTRELLA

Se estrella la avioneta que debía trasladar a Sanjurjo a Burgos para tomar el mando. En Madrid, asalto al cuartel de la Montaña, donde se habían encerrado los insurrectos. Goded se rinde en Barcelona. Siguen los pronunciamientos en La Coruña, Granada, León, Lugo, Orense y Pontevedra,

Martes 21 de julio
EL ÚLTIMO DÍA DEL GOLPE

Últimos movimientos, todos ellos frustrados, en Toledo, San Sebastián, Guadalajara y Almería. El golpe es derrotado donde las fuerzas de seguridad y los militantes de izquierda resisten conjuntamente (Barcelona, Madrid, Málaga, Gijón, San Sebastián) y ni siquiera llega a producirse en lugares donde los rebeldes son débiles o han sido desactivados (Alicante, Valencia, Badajoz, Bilbao, Castellón, Cuenca, Huelva, Jaén, Murcia, Santander y Tarragona). En bastiones obreros donde los sindicatos no tienen a su lado a la Guardia Civil y la Guardia de Asalto (Sevilla, Zaragoza) el golpe triunfa. Y no encuentra resistencia donde cuenta con una base social amplia y armada (Navarra y parte de Castilla la Vieja).

Jueves 23 de julio
VIOLENCIA INSTITUCIONAL

Queipo de Llano: «Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen». La represión bate récords de salvajismo en Andalucía: 47.400 ejecutados.

Viernes 24 de julio
AÚN SON CUATRO
Se forma la Junta de Defensa Nacional, presidida por el general Miguel Cabanellas, el general con más antigüedad. Mola, Queipo de Llano y Franco reciben el mando de los ejércitos del Norte, del Sur y de África. Franco aún deberá maniobrar para obtener el mando supremo.

Sábado 25 de julio
EL CONFLICTO

Dos empresarios alemanes enviados por Franco se entrevistan con Hitler, que decide ofrecer apoyo aéreo a los rebeldes para trasladar sus tropas a la Península. El 28 de julio empieza a llegar material ofrecido por Mussolini.

Martes 28 de julio
EMPIEZA LA GUERRA

El Foreign Office califica por primera vez en un informe la revuelta como «Spanish Civil War». Ese mismo día el Gobierno de la República autoriza al Ministerio de la Guerra a declarar «zona de guerra» las áreas en las que se desarrollen operaciones militares y la Junta de Defensa Nacional del Ejército rebelde emite un bando que extiende el estado de guerra a todo el territorio. Han fracasado tanto el golpe de Estado tal y como se había planificado en los últimos meses como los intentos de la República de sofocar la sublevación. Empiezan tres años de contienda fratricida.

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Re: Así empezó la guerra civil (#7684896) el 17-07-2011 a las 14:41:59

8 DE JULIO de 1936 ¿GUERRA CIVIL?

Cuando se utiliza el término “Guerra Civil” para hablar del enfrentamiento que se produjo como consecuencia y en respuesta al Golpe Militar del 18 de julio de 1936, se tiende a olvidar: (1) que comenzó tras un acto de Rebelión Militar contra un gobierno republicano legítima y democráticamente constituido, (2) que los sublevados llevaron a cabo un autentico genocidio contra los no afectos a su causa, y (3) que la intervención y el apoyo de algunas potencias fascistas europeas fue determinante en el desarrollo militar y resultado final de la contienda.

¿GUERRA CIVIL O REBELIÓN MILITAR?

Una guerra civil es un conflicto bélico que se desarrolla dentro de un Estado y en el que quienes se enfrentan no son ejércitos regulares, sino fuerzas formadas, en su mayoría, por personas de la población civil. En el caso que nos ocupa, el enfrentamiento se produjo en defensa de la legitimidad democrática establecida y en respuesta a un delito de rebelión militar perpetrado por una parte del ejército español, junto a grupos paramilitares (falange y requeté) y tropas de potencias fascistas europeas. La causa debe situarse, exclusivamente, en esta rebelión militar. La resistencia armada frente a los sediciosos, por parte de tropas fieles a la República o de milicias antifascistas, tiene un carácter esencialmente defensivo.

Para que una rebelión militar llegue a la categoría de guerra civil es necesario que los sublevados adquieran la condición de beligerantes. Esta solo puede ser reconocida por el gobierno frente al que se rebelan. Este reconocimiento busca, generalmente, eximir a ese gobierno de responsabilidades sobre los daños causados a ciudadanos extranjeros en la zona controlada por los sublevados.

Nunca se produjo, es mas, el gobierno republicano, el único con potestad legal para tomar una medida de este tipo, no decreta el “estado de guerra” hasta enero de 1939 en el conjunto del territorio (hasta entonces bajo “estado de alarma”).

¿GUERRA CIVIL O GENOCIDIO?

En zonas importantes del territorio del Estado, al igual que en la mayor parte de la Euskal Herria peninsular, los sublevados consiguieron desde el primer instante exterminar físicamente o someter mediante el terror y la represión más brutal a todos los sectores sociales, sindicales y políticos antifascistas. Para ello se hará uso también, por vez primera en la historia militar contemporánea, de bombardeos masivos sobre ciudades con el fin, único y deliberado, de provocar el máximo de muertes en la población civil y la destrucción de posiciones de nulo interés militar (Donostia, Irun, Otxandio, Durango, Gernika…).

Atendiendo, únicamente, las cifras de desapariciones forzadas y fusilamientos son abrumadoras. En Euskal Herria los casos se acercan a 9.000, esto es, al 4,7 (por mil) de la población. En el conjunto del Estado el genocidio puede cuantificarse en 150.000 personas, lo que representó el 6 (por mil) de toda la población.

Los militares españoles no iniciaron una “Guerra Civil”, sino una cobarde y cruel actuación de exterminio ideológico y cultural, es decir, verdaderos crímenes de lesa humanidad, un genocidio contra una población civil desarmada e indefensa.

¿GUERRA CIVIL O INVASIÓN FASCISTA?

Cuando se habla de “Guerra Civil”, cuando se utilizan expresiones como “guerra entre hermanos”, se olvida o minusvalora la importancia decisiva que tuvo el apoyo económico y militar de los gobiernos fascistas de Alemania, Italia y Portugal. Su intervención fue determinante, tanto en los momentos iniciales (sin su ayuda no habría sido posible el paso de tropas desde África) como en el desarrollo posterior de la contienda, con operaciones militares marítimas y bombardeos aéreos, tanto sobre objetivos militares como sobre civiles. La aviación italiana y alemana representó más del 65% del potencial aéreo franquista. Respecto a las tropas terrestres, Italia aportó no menos de 80.000 soldados, Portugal unos 20.000, y las fuerzas militares alemanas sumaron 18.000 hombres (Viñas, A.,1977). Eran fuerzas perfectamente instruidas, encuadradas en unidades militares y provistas de su correspondiente logística (armamento ligero, artillería y munición) así como de medios de transporte de tropas. Si a estas fuerzas sumamos las reclutadas en el protectorado de Marruecos, que llegaron a los 75.000 hombres armados (Madariaga, M.R., 2002), tenemos que todo este contingente representó, aproximadamente el 39% del total de las tropas fascistas.

Estas cifras no son en absoluto equiparables a la ayuda prestada al gobierno de la República y al gobierno de Euzkadi, ambos legítimamente constituidos, por parte de gobiernos como el soviético, limitada a la presencia de algunos oficiales e instructores militares para adiestrar en el manejo del armamento ligero y unas decenas de aviones caza comprados. En cuanto a los ciudadanos civiles que acudieron voluntarios para luchar contra los sublevados, encuadrados en las Brigadas Internacionales o en milicias antifascistas, sin instrucción militar previa ni armamento, no representaron ni el 6% de las fuerzas combatientes republicanas. No es comparable a la intervención de los ejércitos fascistas europeos. También hubo voluntarios irlandeses, franceses y “rusos blancos” con el fascismo, pero su presencia no fue determinante como la intervención militar de Alemania, Italia y Portugal.

A pesar de los años transcurridos y de la propaganda destinada a avalar la percepción del conflicto como una “guerra civil”, mientras se combatía se fue acrecentando la visión de que se luchaba contra tropas invasoras, hasta tal punto que, en agosto de 1937, el gobierno vasco se dirigirá a los gobiernos del eje para negociar su rendición, y que el propio gobierno de la República, presidido en 1938 por Negrín, definirá a las fuerzas enemigas como “militares extranjeros invasores”.

En resumen, a partir del 18 de julio de 1936, se desarrolló una rebelión de militares españoles que, aliados con los gobiernos fascistas de Alemania, Italia y Portugal cometen un acto de sedición contra la República y, más grave aún, contra una población civil desarmada e indefensa, con el resultado de un genocidio y crímenes de lesa humanidad. Esos crímenes ni prescriben ni pueden ser amnistiados, deben ser investigados y juzgados con todas sus consecuencias, más si cabe, cuando el propio Estado, con su Rey a la cabeza, es continuador y heredero político de todo ello. En esa labor estamos.

Alberto Muñóz, Manuel Sainz, Gotzon Garmendia, Andoni Txasko (Miembros de Lau Haizetara Gogoan)

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Re: Así empezó la guerra civil (#7684998) el 17-07-2011 a las 15:17:02

oro escribió:

 

 Cuando se cumplen 75 años del inicio de la guerra civil, los argumentos de los historiadores franquistas han sido desempaquetados de nuevo: el conflicto empezó en el 34, el Alzamiento impidió una revolución socialcomunista, el asesinato de Calvo Sotelo lo desencadenó... Volvamos la vista atrás para redescubrir lo evidente: una conspiración militar, jaleada por la derecha, decidida desde el mismo momento en que no se aceptó la derrota electoral y se optó por las armas.

Diario del golpe

El 17 a las 17. El 17 de julio de 1936, a las cinco de la tarde, debía empezar la rebelión militar en Marruecos, para extenderse a España paulatinamente entre el 18 y el 21 de julio. Este es un diario de una conspiración militar que desde el primer día proyectó una carnicería.

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Soldados que han abandonado las filas rebeldes desfilan puño en alto por la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 20 de julio.

Soldados que han abandonado las filas rebeldes desfilan puño en alto por la plaza de Sant Jaume de Barcelona, el 20 de julio.

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Foto de archivo, tomada en Tenerife a principios de julio de 1936, de una comida celebrada por los jefes y oficiales de las Guarniciones de Canarias, bajo la presidencia del comandante general de Canarias, general Francisco Franco, en la que se ultimaron algunos detalles relacionados con el alzamiento.

Foto de archivo, tomada en Tenerife a principios de julio de 1936, de una comida celebrada por los jefes y oficiales de las Guarniciones de Canarias, bajo la presidencia del comandante general de Canarias, general Francisco Franco, en la que se ultimaron algunos detalles relacionados con el alzamiento.

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Un grupo de guardias de asalto, cuerpo que se mantuvo fiel a la República, en la calle de la Diputació el 19 de julio.

Un grupo de guardias de asalto, cuerpo que se mantuvo fiel a la República, en la calle de la Diputació el 19 de julio.

Domingo 16 de febrero
CONTRA LAS URNAS
El Frente Popular vence de forma apurada en las elecciones a las Cortes, con 4,6 millones de votos, 151.000 más que la unión de las derechas. El programa frentepopulista propugna reemprender las reformas sociales prometidas con el advenimiento de la República. El general Francisco Franco, jefe del Estado Mayor, y el líder derechista José María Gil-Robles proponen anular las elecciones y una acción militar inmediata, que el director de la Guardia Civil y el ministro de la Guerra rechazan. El desprecio a la vía democrática no será consecuencia de la gestión del Gobierno de izquierdas, sino la reacción que militares y derechas se plantean de entrada ante la derrota electoral.


Viernes 21 de febrero
MEDIDAS PREVENTIVAS
El nuevo Gobierno de Azaña, un gabinete republicano moderado, sin ministros socialistas, destina a plazas periféricas a los militares más peligrosos: Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona. Irónicamente, esta decisión dibuja cuál será el mapa del alzamiento militar.


Domingo 8 de marzo
LA PRIMERA REUNIÓN
Primera reunión en Madrid «para acordar un alzamiento que restableciera el orden», horas antes de la marcha de Franco. Acuden Mola, Franco, Rodríguez del Barrio, Fanjul, Varela, Orgaz, Saliquet y Kindelán. Se reconoce al exiliado Sanjurjo como jefe. Franco insiste en esperar a que la situación se agrave.


Viernes 14 de marzo
BRAVATAS FALANGISTAS
José Antonio Primo de Rivera es detenido después de que pistoleros falangistas tirotearan al socialista Luis Jiménez de Asúa. Desde la cárcel llamará a una «gran tarea de reconstrucción nacional» que llegará después de una «santa cruzada de violencia».


Miércoles 25 de marzo
LA PRESIÓN DEL CAMPO
Presión campesina para que el Gobierno vaya más allá de la reforma agraria de 1932. En Badajoz, 60.000 campesinos movilizados por los socialistas ocupan 3.000 fincas. Durante esos meses se distribuyen 555.000 hectáreas, poniendo en pie de guerra a los terratenientes. La embajada británica alarma a su Gobierno informando de que las condiciones «son muy similares a aquellas de la Rusia anterior a la revolución bolchevique».


Miércoles 15 de abril
LA DERECHA HABLA
Las Cortes destituyen a Niceto Alcalá Zamora como presidente. Gil-Robles responde amenazante en las Cortes, una semana después: «La mitad de la nación no se resigna implacablemente a morir. Si no puede defenderse por un camino, se defenderá por otro (...) cuando la guerra civil estalle en España, que se sepa que las armas las ha cargado la incuria de un Gobierno».

Jueves 23 de abril
RETÓRICA REVOLUCIONARIA
Durante la primavera se desarrollan concentraciones públicas de las milicias socialistas y comunistas. El 23 de abril desfilan 35.000 personas por la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla.

Sábado 25 de abril
LA VIOLENCIA DE MOLA
Primera instrucción reservada de Mola. Que la represión será encarnizada, con ejecuciones sumarias de los militares que no se sumen al golpe, de las autoridades republicanas y de los militantes de izquierdas es una decisión clara desde el primer momento: «Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo».

Lunes 11 de mayo
LARGO, IRRESPONSABLE
Azaña accede a la presidencia de la República. El sector radical del PSOE, dirigido por Largo Caballero, impide que los socialistas entren en el Gobierno con Prieto, cabeza de la sección moderada. El republicano Casares Quiroga, que demostrará su incapacidad para atajar la conspiración a pesar de las numerosas pruebas, quedará al frente del Gobierno, mientras el ala izquierda del PSOE sigue desestabilizándolo. Mientras, la CNT descarta en Zaragoza la vía insurreccional.

Lunes 18 de mayo
LA INICIATIVA MILITAR
Mola establece que se formen juntas militares en cada división orgánica y provincia a cargo de oficiales de la Unión Militar Española, de quienes dependerán los sectores civiles implicados. El 18 de mayo queda constituida la Junta Militar de Defensa Militar de Catalunya, presidida por el teniente coronel Francisco Isarre.

Martes 19 de mayo
DISCURSO TREMENDISTA
Calvo Sotelo insinúa que el Ejército debe actuar. La derecha describe un panorama de desorden generalizado. La violencia política durante el periodo se cobra 444 muertes: entre ellas, más de izquierdas que de derechas, y ningún sacerdote o religioso. Casares Quiroga presenta un programa en el que se declara beligerante ante el «fascismo que quiere una guerra civil» pero advierte a las izquierdas de que tampoco tolerará «actos de violencia». Todos lo desbordarán.


Lunes 25 de mayo
PRIMER PLAN DE REBELIÓN
Primera instrucción de Mola en la que fija planes militares.Deben caer sobre la capital columnas de tres divisiones orgánicas: la 7ª (Valladolid), la 5ª (Zaragoza) y la 6ª (Burgos). La 8ª (La Coruña) y 4ª (Barcelona) deben limitarse a «mantener a raya a las masas proletarias». La 3ª (Valencia) debe amenazar a Madrid o apoyar a Barcelona si esta peligra. Mola no cuenta con ganar Madrid y Sevilla, y ordena que Marruecos, Canarias y Baleares queden «en actitud pasiva» como reserva.


Viernes 5 de junio
EL OBJETIVO
Mola establece los objetivos políticos iniciales de los sublevados. Deberá constituirse un Directorio Militar que creará un «Estado fuerte y disciplinado» y que durante su periodo de gestión se comprometerá a «no cambiar el régimen republicano». El restablecimiento de Alfonso XIII (que rechazarían falangistas, carlistas y parte de los generales) no está en el orden del día.

Viernes 12 de junio
UN GOBIERNO CÁNDIDO
Casares Quiroga propone al sospechoso Yagüe dejar su mando en Ceuta. El coronel, al frente de los preparativos en Marruecos, se niega. Casares cree en su «palabra de honor» de no rebelarse y lo mantiene en este destino clave.

Miércoles 17 de junio
UN PÍCNIC EN CANARIAS
Franco se reúne con jefes y oficiales de Tenerife en los pinares de la Esperanza. «Nos juramentamos a seguir ciegamente y con fe inquebrantable, dándole así la confianza plena en estas guarniciones», explica uno de los presentes.

Sábado 20 de junio
ÁFRICA ENTRA EN JUEGO

Quinta instrucción reservada de Mola, que modifica el plan militar del golpe. Incorpora a la marcha sobre Madrid a dos columnas del Ejército de Marruecos que deben cruzar el Estrecho y marchar hacia la Meseta por Despeñaperros. Franco y Yagüe dejan de tener un un papel secundario en el dispositivo militar. «Ha de advertirse a los tímidos y vacilantes que aquel que no esté con nosotros está contra nosotros», anuncia Mola. En todas las guarniciones, los sublevados ajustan sus turnos de vacaciones para estar en sus puestos a finales de julio.

Martes, 23 de junio
EL SIBILINO FRANCO

Carta de Franco a Casares Quiroga. Le sugiere que el Ejército será leal si se le trata con propiedad. ¿Aún duda de sumarse al golpe, temeroso de un fracaso (una actitud que irritaba al resto de sublevados, que llegan a apodarle Miss Canarias 1936) o se trata de un engaño? «Franco no hará nada que le comprometa: estará siempre en la sombra, porque es un cuco», comenta Sanjurjo.

Sábado 27 de junio
UN SECRETO A VOCES
El Estado Mayor Central alerta de un «inmediato movimiento militar» que «partirá de provincias o tal vez de África» y argumentará que quiere prevenir un golpe «violento de izquierdas» del que «no hay noticias algunas que permitan creer de su realización».

Domingo 5 de julio
UN AVIÓN PARA FRANCO

Juan Ignacio Luca de Tena, propietario del ABC, encarga a su corresponsal en Londres, Luis A. Bolín, que alquile un avión para trasladar a Franco de Canarias a Ceuta, para ponerse al frente del Ejército de Marruecos.

Sábado 11 de julio
QUEIPO SE PREPARA

Queipo de Llano, responsable de los carabineros, llega a Sevilla para asegurar el éxito del golpe ante la resistencia de los oficiales de máxima graduación de la capital andaluza. A menudo se olvida que solo 5 de los 11 comandantes de las divisiones orgánicas y comandancias y 4 de los 21 generales de división se rebelarán.

Domingo 12 de julio
FRANCO, ESPECULANDO
Franco envía un mensaje en clave que irrita a Mola («geografía poco extensa»), en el que indica que aún no está dispuesto a pronunciarse. En cambio Yagüe, tras las maniobras del Ejército de África en el Llano Amarillo, escribe a Mola para asegurarle que todas las fuerzas estarán en sus bases, esperando órdenes, el 16 de julio. «Tengo todo preparado; los bandos de guerra hechos. No dudo un momento en el triunfo». Mola se plantea seguir sin Franco y pedir a Sanjurjo que se ocupe de Marruecos.

Lunes 13 de julio
EN EL PEOR MOMENTO

Miembros de la Guardia de Asalto vengan el asesinato del teniente Castillo por un grupo de falangistas, la noche anterior, matando al diputado monárquico José Calvo Sotelo. El mecanismo del golpe ya estaba en marcha antes, pero el asesinato acaba de decidir a algún indeciso. Es el caso, de creer en sus palabras, de Franco.

Miércoles 15 de julio
TODOS EN SUS PUESTOS
Los carlistas se suman al movimiento. Hasta ese momento, su dirigente, Fal Conde, había puesto como condición que se liquidara la República de forma inmediata para proclamar al pretendiente Javier de Borbón regente. Entre el 15 y el 17 de julio llegan a los líderes sublevados mensajes en clave que indican que el golpe empezará en Melilla, «el 17 a las 17». A partir de ese momento, se debe producir una serie de levantamientos en cadena. Mola renuncia a una acción simultánea para evitar una salida en falso si se lanza una contraorden y esta no llega a todos. Esta opción, en cambio, ofrecerá posibilidades de reacción al Gobierno. Se constituye el Comité Nacional de Defensa Confederal de la CNT-FAI-AIT ante un golpe que «no puede ni debe ser una sorpresa».

Jueves 16 de julio
UNA MUERTE OPORTUNA
El comandante de Las Palmas, Amadeo Balmes, muere de un tiro al probar una pistola. Eso permitirá a Franco abandonar Tenerife para asistir al entierro en Gran Canaria, donde sospechosamente ya le estaba esperando el Dragon Rapide. «A todas luces da la impresión de ser un asesinato bien planeado», opina el historiador Ángel Viñas.

Viernes 17 de julio
LA CARNICERÍA EMPIEZA
El general Batet se entrevista en Irache por la mañana con el general Mola para disuadirlo. Este le da su palabra de honor de que no se sublevará. A las 5 de la tarde los rebeldes salen a la calle en Melilla. Al anochecer suenan las cornetas y tambores y se lee un bando firmado por Franco: «Hago saber: una vez más, el Ejército, unido a las demás fuerzas de la nación, se ha visto obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de españoles (...) se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República, no solamente en sus apariencias o signos exteriores sino en su misma esencia». En todo el protectorado se aplican las normas de ejecución previstas por Mola, que se repetirán en toda España: destitución de los jefes militares fieles, declaración del estado de guerra, ocupación de los centros de poder civil y servicios públicos, detención de los militantes de izquierdas y ejecuciones sumarias. En la noche del 17 al 18 de julio hay solo en Marruecos 225 fusilados.


Sábado 18 de julio
EL DÍA DE FRANCO

A las 5.15 horas, Radio Las Palmas difunde el bando de Franco que acaba con una proclama: «fraternidad, igualdad y libertad». A las 8.30 horas, el Gobierno de la República radía un comunicado. «Se ha frustrado un nuevo intento criminal contra la República. (¿) el Gobierno declara que el movimiento está circunscrito a determinadas ciudades del Protectorado y que nadie, absolutamente nadie, se ha sumado en la Península». Lo peor no es que las autoridades republicanas se engañen, sino que apenas toman medidas preventivas. A las 10 horas, el coronel Sáez de Buruaga envía un telegrama a Franco comunicando que son «dueños absolutos de todas las plazas de Marruecos» y que puede aterrizar en Tetuán o Larache para que fuerzas de Marruecos se pongan «a sus órdenes». A las 14 horas despega el Dragon Rapide de Gando. Hace escala en Casablanca, con Franco de civil y con el bigote afeitado, y no llegará a Tetuán hasta el día siguiente. Aunque el 18 de julio sea la fecha que pasa a la historia (a pesar de que Franco en ese momento solo aspiraba a obtener el Alto Comisariado de Marruecos), ese día solo sale a la calle el Ejército en Canarias, Sevilla, Córdoba y (sin éxito) en Málaga.

Domingo 19 de julio
EL DÍA DE LA VERDAD

El 19 de julio, a las horas fijadas, se desarrolla el grueso de la revuelta. Alzamientos exitosos en Ávila, Burgos, Cáceres, Cádiz, Huesca, Logroño, Oviedo, Palencia, Mallorca, Pamplona, Salamanca, Segovia, Soria, Teruel, Valladolid, Vitoria, Zamora y Zaragoza, y finalmente derrotados en Ciudad Real, Barcelona, Girona, Madrid, Lleida y Albacete. Resistencia desigual de milicias obreras y fuerzas de seguridad.

Lunes 20 de julio
EL JEFE SE ESTRELLA

Se estrella la avioneta que debía trasladar a Sanjurjo a Burgos para tomar el mando. En Madrid, asalto al cuartel de la Montaña, donde se habían encerrado los insurrectos. Goded se rinde en Barcelona. Siguen los pronunciamientos en La Coruña, Granada, León, Lugo, Orense y Pontevedra,

Martes 21 de julio
EL ÚLTIMO DÍA DEL GOLPE

Últimos movimientos, todos ellos frustrados, en Toledo, San Sebastián, Guadalajara y Almería. El golpe es derrotado donde las fuerzas de seguridad y los militantes de izquierda resisten conjuntamente (Barcelona, Madrid, Málaga, Gijón, San Sebastián) y ni siquiera llega a producirse en lugares donde los rebeldes son débiles o han sido desactivados (Alicante, Valencia, Badajoz, Bilbao, Castellón, Cuenca, Huelva, Jaén, Murcia, Santander y Tarragona). En bastiones obreros donde los sindicatos no tienen a su lado a la Guardia Civil y la Guardia de Asalto (Sevilla, Zaragoza) el golpe triunfa. Y no encuentra resistencia donde cuenta con una base social amplia y armada (Navarra y parte de Castilla la Vieja).

Jueves 23 de julio
VIOLENCIA INSTITUCIONAL

Queipo de Llano: «Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen». La represión bate récords de salvajismo en Andalucía: 47.400 ejecutados.

Viernes 24 de julio
AÚN SON CUATRO
Se forma la Junta de Defensa Nacional, presidida por el general Miguel Cabanellas, el general con más antigüedad. Mola, Queipo de Llano y Franco reciben el mando de los ejércitos del Norte, del Sur y de África. Franco aún deberá maniobrar para obtener el mando supremo.

Sábado 25 de julio
EL CONFLICTO

Dos empresarios alemanes enviados por Franco se entrevistan con Hitler, que decide ofrecer apoyo aéreo a los rebeldes para trasladar sus tropas a la Península. El 28 de julio empieza a llegar material ofrecido por Mussolini.

Martes 28 de julio
EMPIEZA LA GUERRA

El Foreign Office califica por primera vez en un informe la revuelta como «Spanish Civil War». Ese mismo día el Gobierno de la República autoriza al Ministerio de la Guerra a declarar «zona de guerra» las áreas en las que se desarrollen operaciones militares y la Junta de Defensa Nacional del Ejército rebelde emite un bando que extiende el estado de guerra a todo el territorio. Han fracasado tanto el golpe de Estado tal y como se había planificado en los últimos meses como los intentos de la República de sofocar la sublevación. Empiezan tres años de contienda fratricida.

 

 

JOSEP FONTANA.

 

Precisar el momento en que quienes conspiraban contra la República española optaron por sublevarse para derrocarla es importante para entender mejor sus motivos. La mitología del 18 de julio, que pretendía que la guerra se había iniciado como una respuesta a los abusos cometidos por el Gobierno del Frente Popular, ponía el acento en el asesinato de Calvo Sotelo, el 13 de julio de 1936, para legitimar el levantamiento militar con este suceso.

Los orígenes de la revuelta, sin embargo, hay que ir a buscarlos cinco meses antes, al domingo 16 de febrero de 1936, cuando se realizaron elecciones generales en España. La jornada electoral fue tranquila, como reconocía ABC el lunes 17: “Ha llovido copiosamente en la madrugada del domingo. Las calles aparecen encharcadas. Llovizna a la hora de abrirse los colegios y esto retrae un poco a los comodones. Luego cesa de llover, no hace mucho frío y el sol aparece a ratos. A diferencia de otras elecciones, la gente ha cargado desde mediodía. Contribuyó a ello que se propagaba por todo Madrid la noticia de que la tranquilidad era absoluta. Nada de lo que amenazaban los derrotistas tuvo confirmación. Ni huelga, ni agresiones, ni escándalos. Todo el mundo votó como quiso, con absoluta libertad. Señálase este importante detalle en honor de los españoles, porque lo mismo que en Madrid ocurrió en toda España”.

Algo más había ocurrido, sin embargo, que ABC no contaba. A las tres de la madrugada de la noche del 16 al 17, cuando las primeras noticias indicaban que podía producirse una victoria del Frente Popular, José María Gil-Robles, jefe de la CEDA, el principal de los partidos de la derecha, despertó al jefe del Gobierno, Manuel Portela Valladares, para decirle que la llegada al poder de la izquierda era peligrosa y que no había otra salida que la de que Portela siguiese al frente del Gobierno y proclamase una dictadura, para lo cual podía contar con la total adhesión de las derechas, “así como de cuantos elementos representaban la estabilidad y el orden en el país”. En vista de que Portela se mostraba indeciso, Gil-Robles se puso en contacto con el general Franco, jefe del Estado Mayor, quien se puso de inmediato a conspirar por su cuenta.

Los planes de Franco incluían aprovechar su posición en el ministerio para ordenar a las regiones militares que declarasen el estado de guerra, y adueñarse del poder con un golpe militar en la capital. Según contó el propio Franco en un texto escrito en 1944: el lunes 17 de febrero “convocó a aquellos generales que le habían expuesto en otras ocasiones su disgusto y necesidad de un movimiento para evitar que el Frente Popular se hiciese con el poder”. Contaba con los generales Goded y Del Pozo, y “con otros dos jefes de unidades armadas de cuya incondicionalidad (sic) no dudaba”. Pero “no tardaron estos generales en regresar de sus gestiones con la cabeza baja”. Los jefes de la guarnición de Madrid consideraban que la oficialidad no secundaría en frío un movimiento contra los poderes constituidos, si la Guardia Civil y los guardias de asalto no tomaban parte en él. Esta es la razón que explica que Franco hiciese todavía otro intento, tratando de convencer al general Pozas, inspector general de la Guardia Civil, para que se sumase a la sublevación.

El martes 18 de febrero Pozas acudió a ver a Portela para denunciarle “que los generales Franco y Goded están dando instrucciones desde el Ministerio de la Guerra para que los militares declaren el estado de guerra y se apoderen del Gobierno”. Portela se mostró indignado, pero no hizo nada. Lo único que deseaba en aquellos momentos era abandonar el poder cuanto antes, de modo que decidió dimitir de inmediato, sin aguardar siquiera a que concluyera el escrutinio de los votos. Muchos gobernadores civiles hicieron lo mismo y las provincias quedaron sin autoridades, con la gente echándose a la calle.

Ante semejante vacío de poder los vencedores se vieron obligados a hacerse cargo del Gobierno de inmediato, de modo que el jueves 20 de febrero se celebró el primer consejo de ministros, en una difícil situación que Azaña describía con estas palabras: “Continúan los alborotos en algunos puntos de Andalucía y Levante. En Valencia hay un lío tremendo por la sublevación de los presos de San Miguel de los Reyes. Han quemado parte del penal. Están revueltos los presos comunes y los políticos, que han caído como en rehenes de aquellos. En Alicante han quemado alguna iglesia. Esto me fastidia. La irritación de las gentes va a desfogarse en iglesias y conventos y resulta que el Gobierno republicano nace, como el 31, con chamusquinas. El resultado es deplorable. Parecen pagados por nuestros enemigos”.

En estas condiciones comenzó a gobernar el Frente Popular, mientras los militares que habían tratado de impedir que llegase al poder seguían preparándose para derribarlo cuanto antes. Lo que está claro es que el 17 de febrero de 1936, cuando Franco realizó su primer intento de sublevación militar, no había ocurrido todavía nada que lo justificase. La Guerra Civil española no se hizo ni contra los “desmanes del Frente Popular”, ni contra la inexistente “amenaza” del comunismo, sino contra el programa de reformas de unos republicanos moderados que no amenazaban más que los privilegios injustos de unas clases dominantes que obstaculizaban el progreso del país.

Josep Fontana  es  historiador.

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Re: Así empezó la guerra civil (#7685367) el 17-07-2011 a las 16:13:08

Si alguien decía que el foro de política estaba muerto....qué mejor que un post de la guerra civil para reanimarlo! XDDDDD

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Re: Así empezó la guerra civil (#7685708) el 17-07-2011 a las 16:57:34

SoldeInvierno escribió:

Si alguien decía que el foro de política estaba muerto....qué mejor que un post de la guerra civil para reanimarlo! XDDDDD

Creo que tu comentario merece contestación. Este lunes, se cumplen  75 años del Golpe de Estado que sumió a este pais a 40 años de dictadura, por ello, seguramente, volverá, por poco que tu quieras, a ser noticia, tan amargo aniversario. Por otro lado veo que ultimamente en el foro, hay individuos que se dedican  a criticar determinados post en lugar de contribuir a la mejora de este subforo con sus grandes aportaciones que son seguramente las que no dejaran que este subforo siga muerto.

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Re: Así empezó la guerra civil (#7686185) el 17-07-2011 a las 18:44:16

Voy a subir un par de cosillas, Oro; si no los ves convenientes en este post, me das un toque y edito para eliminarlos.

Creo que vienen al caso.

 

Por mi parte no es tendencia a uno u otro bando.., abomino de los crimenes que se cometieron tanto en un lado como en el otro.., siendo todos españoles.

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Re: Así empezó la guerra civil (#7686187) el 17-07-2011 a las 18:44:42

 

Escúchame, así fue el 18 de julio

 

 

La Guerra Civil no estalló para todos el mismo día. El golpe se fraguó entre el día 17 y el 21 de julio de 1936. Testigos vivos de aquel momento narran para EL PAÍS cómo les llegó la noticia 75 años después. Dos excombatientes de ambos bandos sellan su encuentro con un abrazo


La mayoría recuerda aquel sábado 18 de julio de 1936 como un día de mucho calor. Un calor espantoso. Pasados muchos años, abuelas de Córdoba contaban a sus nietos para un trabajo del instituto que “la gente sabía que iba a empezar la guerra porque unos días antes corrían estrellas por el cielo”. La memoria de aquel fin de semana es imprecisa y hay una razón que lo explica: el inicio de la guerra, o el golpe, no acaeció para todos el mismo día, ni a la misma hora.

 

Cuando testigos aún vivos echan la vista al pasado, 75 años atrás para ser exactos, sitúan el comienzo de la contienda el día en el que vieron algún muerto por la calle o llegaron noticias por sus padres de que algo grave estaba pasando en España. A casi todos, la noticia les llegó por los periódicos (previa censura) y, sobre todo, por la radio.

 

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Alfredo Salas Viu (camisa de rayas azules), piloto republicano durante la guerra, abraza a José Luis Rodríguez Viñals, combatiente del bando nacional.

 

No fue el caso de Emilio Caballero, residente en París, que se encontró con la guerra de bruces: estaba trabajando en el campo cuando le vinieron a llamar porque unos guardias civiles se estaban llevando gente. Sucedió en Mahora, provincia de Albacete. Pudo ser entre el 19 y el 25 de julio, porque allí la sublevación duró una semana y terminó fracasando. La cuestión es que Emilio Caballero se encontró en un camión con una escopeta en la mano. No recuerda mucho más.

 

Todo lo que había hecho hasta entonces era pintar la hoz y el martillo en algunas tapias del pueblo. Poco después estaba en Teruel defendiendo junto a varios compañeros un nido de ametralladora que no sabía manejar.

 

Se salvaron dos. “Nos abrasaron”, dice. Fue un superviviente durante años: formó parte de una brigada mixta que actuó durante la guerra como fuerza de choque. Pasó a Francia. Luego fue enviado al campo de concentración de Gusen, vecino a Mauthausen, el campo en el que solo uno de cada nueve prisioneros salvó la vida. Y él superó todos esos obstáculos. Tiene 94 años y su mujer advierte que no se le haga hablar mucho porque ya se cansa.

 

Así que Emilio Caballero se encontró con la guerra de cara un día impreciso de mediados de julio. Probablemente no fue el día 18. Sí lo fue para José Utrera Molina, que tenía 10 años aquel día y se encontraba jugando al fútbol cuando escuchó lo que parecían unos fuegos artificiales.

 

En Málaga, la sublevación duró dos días y fracasó. Recuerda una sensación extraña las primeras horas, la preocupación de sus padres por otros miembros de la familia que residían en distintos puntos de España, la impotencia a la hora de comunicar con ellos, la falta de noticias. Supo que a las 48 horas de aquellas explosiones, al padre de su amigo Ignacio Burgos lo tiraron a la calle por un balcón. Para José Utrera, presidente de la Fundación Francisco Franco, dos veces ministro con Carrero Blanco (Vivienda y Secretaría General del Movimiento), el comienzo de la guerra significó siete meses encerrado en casa sin salir.

 

Emilio Caballero
se encontró la guerra de bruces: de trabajar en el campo a llevar una escopeta en un camión

 

La sublevación estalló el día 17 en Melilla. El 17 a las 17 horas fue la orden de salida emitida por el general Mola. Según algunos historiadores, el citado general concedió cierta flexibilidad a los destacamentos de las demás provincias para que cada cual eligiera según las circunstancias la fecha y la hora en la que podían divulgar el bando de guerra. Otros autores sostienen que la dispersión de fechas fue consecuencia de cierta incompetencia por parte de los sublevados.

 

Por lo que respecta al día 18 de julio, aquel día solo se sublevaron cinco capitales de provincia; la mayor parte (24) lo hizo el día 19, si bien una mayoría durante la madrugada del 18 al 19, según las cifras que aporta el historiador Francisco Alía Miranda en su libro Julio de 1936 (editorial Crítica), uno de los más recientes sobre el golpe.

 

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Alfredo Salas Viu (izquierda) conversa con José Luis Rodríguez Viñals

 

Aquel fin de semana de mediados de julio de 1936 hubo normalidad en algunas partes de España. En otras, tiroteos y víctimas. El domingo 19, mucha gente acudió a las playas de la Albufereta y de San Juan en Alicante, según cuenta la prensa local. No muy lejos de Madrid, en la sierra de Navacerrada, se celebró la tradicional prueba ciclista de la Subida a los Puertos, que se adjudicó el ciclista sevillano Antonio Montes.

 

El lunes 20 abrieron los comercios en muchos puntos de España como si tal cosa. El 21 hubo mercado en Madrid, el principal objetivo de los sublevados: se había producido ya el asalto al cuartel de la Montaña con un trágico balance de muertos.

 

Las noticias se extendieron por la radio al resto de España de una forma confusa y contradictoria, porque junto a la sublevación sobrevino una campaña propagandística por ambas partes. Cada uno utilizó las ondas en su provecho: los sublevados, para anunciar su victoria, y el Gobierno, para afirmar que una sublevación había estallado en África y estaba siendo eficazmente neutralizada.

 

El historiador Francisco Alía cuenta cómo la exclusiva del golpe llegó antes al extranjero que a España, merced a un cable enviado por Lester Zifren, el corresponsal de United Press en Madrid. Utilizó unas palabras clave para evitar la censura. Donde se refería a la enfermedad de su madre quiso decir lo siguiente, una vez traducido el mensaje: “Legión extranjera de Melilla se subleva. Declarada la ley Marcial”.

 

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Alfredo Salas Viu de joven vestido con el atuendo de aviador republicano.

 

Las comunicaciones por teléfono quedaron interrumpidas tras el golpe. Entre Madrid y Barcelona, donde los milicianos lograron evitar la revuelta en numerosos enfrentamientos armados, no se restablecieron hasta el día 22 de julio. Ese día se firmaron largas colas en la central telefónica de gente que buscaba noticias de sus familiares en otras partes de España.

 

La radio vaciló durante horas. Hubo demasiado optimismo. “De nuevo habla el Gobierno para confirmar la absoluta tranquilidad en toda la Península”, escuchó Carmen Arrojo el 18 de julio en su casa de la calle de Bailén (Madrid), donde aún vive a sus 93 años. Recuerda la orden que le dio su padre a su madre al escuchar los mensajes: “La chica, que no salga de casa”.

 

Y recuerda sobre todo el discurso de Dolores Ibárruri, La Pasionaria, por radio a última hora, cuando selló el famoso “¡No pasarán!”. “No era una sublevación. Era una guerra”, afirmó su padre, interventor en el Ayuntamiento. Carmen, con 18 años y perteneciente como su hermano a las Juventudes Socialistas, convenció a su madre para que la dejara salir a comprar víveres. Su hermano se había marchado a Navalperal para incorporarse a las milicias, “porque pensaban que las fuerzas de los sublevados vendrían por el Norte”.

 

Durante aquel paseo por las calles de Madrid se acercó hacia la plaza de San Andrés, donde vio a unos falangistas refugiados en el interior de una iglesia pegando tiros a la calle. Tiempo después, su casa de Bailén se convirtió en un observatorio de la artillería y ella, con 18 años, terminó organizando un comedor para combatientes primero, varios talleres de confección más tarde y una guardería para niños huérfanos por los bombardeos bien avanzada la guerra. La voz de Carmen fluye todavía con un aire juvenil y la memoria no le falla un detalle.

 

José Utrera Molina jugaba al fútbol
el día 18 en Málaga cuando oyó algo parecido a unos fuegos artificiales

 

La sublevación triunfó en Galicia el día 20 de julio. En una misma jornada cayeron las cuatro provincias. “Esos días el cielo se puso rubio (rojo)”, recuerdan en la casa de Ferreirós de Arriba donde vive Daniel Visuña, más conocido en el pueblo como Benito. A sus 99 años es el último natural de O Courel vivo de los que formaron en las columnas gallegas que marcharon hacia Asturias.

 

El Ayuntamiento de Folgoso do Courel, en el sureste de Lugo, fue tomado por la Guardia Civil y falangistas al mando del capitán López de Haro. Daniel Visuña no fue precisamente voluntario: “Voluntario, hostias. De aquí llevaron a O Courel entero, y yo venía de hacer la mili en Marruecos”. Fue soldado de infantería, jefe de cocina en Teruel y acabó entrando en Barcelona. La metralla que le surca la frente no sabe de dónde vino.

 

Dos parroquias más abajo, en Seoane do Courel, vive todavía José Isauro Parada, de 90 años, otro de los últimos voluntarios gallegos de la Guerra Civil. “¿Era usted franquista?”. “Era, claro. Por nada. Tenía 15 años, aquí se supo que empezó el jaleo por la radio. Para enterarnos fue uno de Seoane a Quiroga [junto a Pedrafita, otro de los ayuntamientos de O Courel] con una pistola pequeña en el bolsillo del chaleco.

 

Luego esto se llenó de soldados, y los que estaban del lado de los comunistas marcharon todos”. Parada salió de Ferrol en 1938, paró en Palma de Mallorca y acabó en Cartagena, ya con la guerra terminada. “No disparé una sola vez, pero en Cartagena me obligaron a ver cómo fusilaban a dos presos republicanos. Uno era de Ferrol. A ese hubo que pegarle cuatro tiros”. Parada acabó de cartero en la Comandancia de Cartagena.

 

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José Luis Rodríguez Viñals cuando era combatiente nacional.

 

El estallido de la guerra no pareció ser una sorpresa para nadie en España. Un clima de sublevación antecedió al 18 de julio. El propio golpe tardó en fraguarse entre el día 17 y el día 21 de julio, cuando se sublevaron cuatro provincias (Almería, Guadalajara, San Sebastián y Toledo). Nadie discute que el golpe militar fue un suceso esperado.

 

Al Gobierno habían llegado numerosas noticias de encuentros entre jefes militares, de transporte de armas por la frontera de Navarra para nutrir a los requetés. Era un golpe anunciado y de ahí se derivan algunos traslados de altos mandos y cómo el Gobierno se procuró a los militares más fieles en los principales acuartelamientos de Madrid.

 

La guerra tardó en convertirse en parte de la vida cotidiana de los españoles hasta que pudiera hablarse de frentes, de movimientos de tropas, de reclutamiento. José Luis Rodríguez Viñals tenía 16 años aquel 18 de julio. Pasaba el verano en un cortijo cerca de Montemolín, al sur de Badajoz. Preparaba el último curso de bachillerato con un párroco de Zafra. Le habría gustado ser médico.

 

Recuerda una mañana con cortes de luz: “Sería mi madre quien puso la radio, recuerdo que se trataba de una de la marca Emerson y escuché noticias no habituales. Recuerdo también que la radio emitía músicas militares por la tarde. Y recuerdo a mis padres preocupados”.

 

Carmen Arrojo escuchó el discurso de La Pasionaria.


Su padre le dijo a
su madre: “La chica no sale de casa”

 

Dos o tres días después llegó a su casa una cuadrilla de hombres armados con escopetas para llevarse a su padre a presentarse ante el comité local. José Luis le acompañó. Su padre suplicó ser encerrado en el Ayuntamiento de Montemolín y accedieron a su súplica. “Cuando vi a unas mujeres echando gasolina junto a la puerta del Ayuntamiento, quedé vacunado del todo”, confiesa José Luis Rodríguez. Algunas personas evitaron aquel conato de incendio y su padre llegó a ser liberado posteriormente cuando Badajoz pasó a manos de los sublevados.

 

Unos años antes, José Luis había sido testigo de cómo una turba “acuchillaba de todas las formas posibles a un guardia civil que terminó desangrado casi a mis pies” y cómo semanas después un grupo de gente despavorida puño en alto hacían de las suyas por las calles de Zafra. “Mi padre vio llegar con optimismo la República, pero poco después comenzó a quejarse de lo que estaba sucediendo en la provincia: quema de siembras, tala de árboles, palizas, muertes, agresiones, quema de iglesias. Puedo decir que para entonces lo había visto todo”.

 

Alfredo Salas tenía un año más que José Luis. Vivía en Madrid, en la calle de Eloy Gonzalo. Había acabado en junio sus estudios de bachillerato. También quería ser médico. De los 15 compañeros de clase del Instituto Escuela, donde estudiaba, ligado a la Institución Libre de Enseñanza, seis terminaron siendo médicos. Él era el pequeño de 10 hermanos. Recuerda por aquel entonces la confusión de noticias en Madrid, el sonido de algunos disparos, pasear con su novia y ver algunos muertos en la calle, probablemente fusilados. “Recuerdo un clima de terror aquellos días”. El comienzo y el final de la guerra le pilló en su casa de la calle de Eloy Gonzalo.

 

José Luis fue reclutado por el ejército de Franco en 1938, cuando cumplió los 18 años. Su instrucción apenas duró unas semanas, “lo suficiente para aprender el manejo de un fusil y de las bombas de mano”. A mediados de noviembre fue enviado al frente de Madrid. Allí estuvo hasta el final de la guerra. Alfredo tuvo un recorrido más largo. “Se evacuó Madrid en noviembre”, recuerda.

 

Su familia se trasladó a Denia (Alicante), y allí su amigo Rómulo Negrín, hermano del líder socialista Juan Negrín, le convenció para hacerse piloto. Nunca había volado. El hecho de tener estudios le permitió superar un examen. Y así acabó en Moscú tras un largo viaje y un primer periodo de formación de tres meses. Nuevo examen para ser piloto de caza, que suspende en las pruebas físicas, ante lo cual debió continuar su aprendizaje como observador de bombarderos durante casi seis meses.

 

“Lo que hay es
una notable dispersión de testimonios orales. No hay un gran centro de
la memoria”,
dice Pere Ysas

 

Son testigos vivos. Memoria de aquella guerra, de la “guerra de nuestros abuelos”, como tituló el profesor Aurelio Mena Herrero un trabajo que mandó realizar en 1995 a sus alumnos de bachillerato del instituto Mariano José de Larra de Aluche (Madrid). Aurelio le pidió a los estudiantes que entrevistaran a sus abuelos, y el trabajo, condensado como un pedazo de memoria oral, se divulga a través de Internet.

 

Aurelio, ya jubilado, se había inspirado en varios autores que utilizaron la memoria oral para algunas de sus obras (Benito Pérez Galdós, por ejemplo, a la hora de escribir Trafalgar), pero sobre todo tomó nota del primer y casi único libro de memorias orales sobre la guerra civil española, el escrito por el historiador inglés Ronald Frazer (Recuérdalo tú, recuérdalo a otros, editorial Crítica). Siendo la Guerra Civil uno de los acontecimientos bélicos con mayor bibliografía (solo superado, según algunos autores, por la II Guerra Mundial), está escasa en testimonios orales de ambos bandos. Ahora quizá sea tarde.

 

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Salas Viu (camisa de rayas azules), camina junto a Rodríguez Viñals.

 

Siempre ha habido entre los expertos un debate entre historia y memoria, y esta ha estado protagonizada en los últimos años por testimonios del bando republicano como producto de la actividad de múltiples asociaciones cívicas. “Los nietos han protagonizado la memoria”, explica el historiador Manuel Ortiz Heras, de la Universidad de Castilla-La Mancha, “pero solo desde un bando, porque el bando que ganó se reivindicó y tuvo una transición tranquila.

 

La izquierda llegó pronto al poder tras el franquismo y no consideró una prioridad recuperar la memoria. Se cambiaron los nombres de algunas calles y poco más. No hubo ajuste de cuentas. La memoria no es una metodología que goce de prestigio. Ahora es tarde”.

 

Pere Ysas ha trabajado estos años en el CEFID (Centre d’Estudis sobre les Èpoques Franquista i Democràtica), de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde se han recopilado y grabado multitud de testimonios sobre la guerra y el franquismo. “Ha habido muchos proyectos de recogida de testimonios orales, pero ha sido un empeño tardío. Se empezó a trabajar en ello en los años ochenta. Lo que hay es una notable dispersión. No hay un gran centro de la memoria. Hay un patrimonio no agrupado sin un proyecto común que lo haya conducido”, reconoce Ysas.

 

Finalmente, Manuel Ortiz se pregunta si hay una historia oficial que se enseñe en los institutos: “El problema está en la calle. ¿Qué historia de la Guerra Civil nos han contado? ¿Quién se ha leído un libro sobre la Guerra Civil? Porque en las clases de historia se ha pasado de puntillas por esta parte de nuestra historia. La mayoría de los jóvenes sufren una ignorancia supina sobre este conflicto”.

 

Volvamos sobre José Luis Rodríguez y Alfredo Salas, uno en la infantería de Franco y el otro en la aviación republicana. Ambos coincidieron en Madrid el mismo día del final de la contienda. José Luis estaba en las trincheras de la Casa de Campo. “Ya se notaba poco movimiento. Una semana antes apenas se pegó un tiro, así que el día 30 de marzo de 1939 nos dieron órdenes de entrar en Madrid en fila india por las dos aceras y con el arma cargada”.

 

José Luis perteneció a las primeras tropas que entraron en Madrid. Se dirigieron a la plaza de España y allí les ordenaron colocar una bandera de España en la boca de un cañón. “Me encontré un ambiente sucio y hambriento. Triste. Gente macilenta. Lo que me sorprendió fue cómo a las pocas horas apareció una multitud con banderas nacionales y de Falange”.

 

Alfredo no debió de estar muy lejos en aquel momento. Esperaba acontecimientos en su casa de Eloy Gonzalo. Estaba de permiso: tantos meses de formación en Rusia apenas sirvieron de algo. No llegó a entrar en combate por falta de bombardeos: “Se quedaron en la frontera y no pasaron a España”. Así que la espera la consumió entre la academia de San Javier (Murcia) y un aeródromo de Cuenca. Tenían un Katiuska bastante machacado que utilizaban para hacer vuelos de entrenamiento. Le dio tiempo para casarse. Su mujer por entonces estaba embarazada.

 

“El problema está
a nivel de calle.


¿Qué historia de
la Guerra Civil nos han contado? ¿Quién ha leído un libro?”

 

José Luis y Alfredo no se conocieron hasta que, 75 años después, aceptaron hacerse una foto juntos para este reportaje. Ninguno de los dos puso el más mínimo reparo ni quiso saber algún detalle del otro. “Tenga en cuenta que yo no le he guardado enemistad a nadie del otro bando”, diría después José Luis, “aquella guerra fue inevitable y muchos combatieron en un bando por razones geográficas”. La cita tuvo lugar en el cerro de Garabitas, al caer la tarde, un lugar cercano a la Casa de Campo, donde se mantuvo el frente del asedio a Madrid durante casi tres años.

 

Ambos habrían podido ser médicos, pero la guerra cortó sus estudios. José Luis terminó siendo abogado, y Alfredo, empresario, después de haber hecho otra mili en el norte de África, experiencia que le sirvió para ser cónsul de Uganda. Sus andanzas le permitieron conocer idiomas. Todavía está convencido de que puede hacerse entender en ruso.

 

La cita entre estos dos excombatientes resultó entrañable. “¡Dame un abrazo, compañero!”, rompió el hielo José Luis en tono de broma. Y se abrazaron. Alfredo le pidió el brazo a José Luis para caminar. Y del brazo dieron vueltas mientras cada uno apoyaba la otra mano en un bastón. Posaron para la foto y se comentaron circunstancias de aquel día del final de la guerra: cada uno estaba en un punto muy distante de Madrid.

 

Trataron de identificar por dónde se extendía el frente alrededor de la Casa de Campo con alguna dificultad porque la ciudad ha cambiado demasiado en tantos años. Hablaron con la camaradería propia de dos excombatientes, salvo que fueron enemigos en aquella guerra. Quedaron en verse a solas cualquier día de estos. Se intercambiaron sus teléfonos y, cuando se despidieron entre risas, José Luis le dijo a Alfredo:

 

— ¡Pero que conste que sigo siendo un franquista acérrimo!

— ¡Y yo un republicano!..., pero moderado, eso sí.

 

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Re: Así empezó la guerra civil (#7686189) el 17-07-2011 a las 18:45:22

 

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Milicianos republicanos desfilan en los primeros días de la Guerra

 

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Milicianos republicanos toman un tren hacia el frente en Barcelona en 1936

 

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Dos soldados nacionales escoltan a un grupo de prisioneros republicanos en Somosierra, en 1936.

 

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Los cadáveres de sublevados, en el Cuartel de la Montaña de Madrid

 


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Re: Así empezó la guerra civil (#7686193) el 17-07-2011 a las 18:46:13

 

¿Es posible cerrar las fosas de la memoria?

 

Una guerra civil deja heridas incluso en cada familia. Sería preciso trascender las lecturas interesadas y lograr, al menos, un relato común de lo ocurrido


Hechos clave en el golpe de julio del 36

 


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Fosa de Gumiel de Izán, de más de 30 metros de largo, en la que se encontaron 59 esqueletos.

 

Todavía hoy algunos balazos parecen conservar intacto su poder destructivo. Durante las primeras semanas de este mes se exhumó una fosa común de más de treinta metros de largo en Gumiel de Izán (Burgos).

 

La hipótesis de que allí estuvieran enterrados un grupo de ferroviarios que fueron asesinados el 18 de agosto de 1936 es una de las que se barajan para poder llegar a establecer la identidad de aquellos muertos que yacen, uno detrás de otro, en un paraje conocido como La Legua. Los investigadores han establecido, a partir de las vainas de fusil y las balas rotas encontradas junto a los huesos, que muchos de ellos cayeron allí mismo de un disparo en la cabeza.

 

Son esos balazos los que siguen resonando porque todavía no se sabe a quiénes se llevaron por delante. Se han encontrado un crucifijo, que pudo haber pertenecido a un franciscano de la zona al que trataban de rojo por criticar la miseria en la que vivían los campesinos, y un corsé ortopédico, que acaso perteneció a un maquinista de la estación de Aranda de Duero.


Las fosas con los restos de los que fueron asesinados por las fuerzas franquistas ha sido seguramente uno de los temas relacionados con la Guerra Civil que más presentes han estado en la sociedad española durante estos últimos años. Fueron muchos nietos de los que padecieron el conflicto los que, en un momento dado, preguntaron por sus abuelos. Y es ahí donde empezaron las respuestas vagas o los silencios y se hizo evidente, según cuentan muchos de los que se embarcaron en estos procesos, un miedo que seguía vivo en los supervivientes pese al tiempo transcurrido.


La torpeza a la hora de gestionar políticamente la legítima demanda de muchos familiares para recuperar a sus muertos, y poder así volver a enterrarlos y realizar ese duelo postergado desde hace tanto tiempo, ha generado numerosas tensiones que parecían desaparecidas, y que subieron de intensidad cuando el juez Baltasar Garzón, ante la alarmante falta de eficacia de la llamada Ley de la Memoria Histórica para resolver estos problemas, decidió intervenir.

 

No son, sin embargo, solo las fosas las que han reclamado la atención de una sociedad que cada vez tiene menos que ver con la que padeció la dictadura de Franco y que, por tanto, se pregunta por el sentido de la pervivencia de algunos símbolos que siguen glorificando aquel régimen. Un grupo de expertos está discutiendo qué hacer con el Valle de los Caídos, el complejo monumental donde está enterrado Franco.


Setenta y cinco años después del golpe de Estado de los militares rebeldes, hay todavía otras cuestiones que siguen abiertas.

 

La manera de contar lo que sucedió entonces es una de ellas. Hace poco, la presentación de un Diccionario biográfico español realizado por la Real Academia de la Historia levantó una fuerte polémica. En el tratamiento dado en ese trabajo a algunos de los protagonistas de la guerra (el propio Franco, entre ellos), más que la búsqueda de un escrupuloso rigor histórico, lo que prevalece es el afán por dulcificar las asperezas de los responsables del golpe, con lo que se rescatan algunos elementos que han caracterizado la versión de los vencedores.

 

En cuanto a los vencidos, algunas de las entradas (como la de Manuel Azaña) están llenas de errores y recurren, para definir la actividad de Negrín, por ejemplo, a fórmulas propias de los propagandistas de la dictadura y se refieren a su Gobierno como “prácticamente dictatorial”.


Parece que hoy
se intenta construir nuevas trincheras invisibles para
seguir librando
una vieja guerra


Las fosas, el Valle de los Caídos, el Diccionario biográfico español: hay momentos en que parece que hoy se intentara construir de nuevo unas trincheras invisibles para seguir librando una vieja guerra, y volver así a servirse del pasado para sortear las batallas del presente. El problema acaso resida en la manera de volver la vista atrás.

 

Porque hay muchas maneras de plantearle preguntas al pasado. Una de ellas lo que subraya es una deuda pendiente, y quiere hacer cuentas. Puede ocurrir, sin embargo, que al hacerlas se utilicen los valores de hoy para saldar los asuntos de entonces.


En el afán de reclamarle una deuda pendiente al pasado, la que conoce la afrenta suele ser la memoria individual (ahora que cada vez quedan menos de los que vivieron el conflicto, lo que permanece es muchas veces su relato de lo ocurrido). Una memoria, la individual, que es siempre legítima, pero que selecciona y se construye también alrededor de unos cuantos olvidos, que es caprichosa, que engrandece algunos detalles y minimiza otros.

 

Seguramente todos los derrotados en la Guerra Civil miran ese pasado con ira, y es lógico que en determinados casos tengan todo el derecho de exigir reparaciones. Pero la memoria individual nada tiene que ver con las llamadas memoria colectiva, histórica, externa, social: “Nadie recuerda ni puede recordar lo sucedido fuera del ámbito de su propia existencia”, decía Francisco Ayala. Y tiene razón: ¿cómo recordar lo que han vivido otros?


Esa otra memoria, la que quiere convertirse en la de unos cuantos (un grupo, una tribu, una asociación, una nación), es siempre una construcción interesada y suele servir para establecer los rasgos de una identidad común, definir las claves de pertenencia a una colectividad determinada, y muchas veces se concreta en abstracciones cargadas con la dinamita de lo exclusivo.


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Crucifijo encontrado en la fosa de Gumiel de Izán (Burgos).


Comunistas, anarquistas, nacionalistas, socialistas, sindicalistas, carlistas, falangistas, franquistas, republicanos, y vaya usted a saber quién más, siguen sirviéndose de la Guerra Civil para reforzar sus propios relatos (ya sea como víctimas, ya sea como salvadores) sobre lo que pasó, y para justificar o adornar su discurso sobre el presente.

 

Preguntarle al pasado por una cuenta pendiente conduce a seguir situando la discusión en el terreno político. Y así, 75 años después de que empezara todo, siguen imponiéndose aquellas versiones en las que predomina el blanco y negro y se difuminan los grises.


Que la Real Academia de la Historia
no haya sido extremadamente delicada confirma cuánto queda
por hacer


Hay otra manera de relacionarse con el pasado. No tanto reclamar una deuda pendiente, como preguntarse por lo que de verdad ocurrió. Es lo que hacen los historiadores, y han sido muchos los que en los últimos años han contribuido a revelar las múltiples aristas de un conflicto habitualmente muy confuso por las interpretaciones que unos y otros dieron sobre lo que pasó para justificar sus respectivos comportamientos.


No siempre es posible dar una explicación unívoca a hechos complejos, pero eso no significa que valga cualquier relato, y mucho menos que el esfuerzo por acercarse con el mayor rigor a los hechos signifique amenazar, como se ha dicho, la libertad de expresión del historiador.

 

¿Por qué hubo una guerra? Podrá haber infinidad de matices en la respuesta, pero esta se produjo porque un grupo de militares, con un amplio respaldo civil, no consiguió que triunfara el golpe de Estado con el que pretendían tomar el poder y detener así las reformas que había puesto en marcha la República. ¿Qué régimen se impuso al terminar el conflicto? Una dictadura personalista, que se apoyó en el ejército, en la Iglesia y en un partido único, y que desencadenó una brutal represión para garantizar su continuidad.


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Francisco Franco en 1937. Saluda brazo en alto y lleva el símbolo falangista prendido en su uniforme.


Entre el golpe y la victoria final de Franco se sucedieron acontecimientos de muy distinto calado. Lo que, en cualquier caso, produjo la rebelión de los militares fue la violenta exigencia a la que se sometió a cada español para que tomara partido. Por mal que fueran las cosas, por duras que hubieran sido las amenazas que la República padeció en sus peores momentos, solo el golpe de julio impuso la obligación de decantarse: o ellos o nosotros.

 

La rebelión destruyó las estructuras de mando del Ejército, y no era fácil saber a qué atenerse ni tener plena certeza sobre cuántos de los uniformados seguían obedeciendo al régimen legal. Los primeros en caer, las primeras víctimas de los golpistas, fueron sus compañeros de armas. En una tesitura de total descontrol, y ante un alarmante vacío de poder, el Gobierno decidió repartir armas a la población para combatir a los golpistas.

 

La violencia vengadora de muchos de estos grupos armados se dirigió contra los representantes del antiguo poder: sacerdotes, guardias civiles, policías, patronos, administradores de fincas. La República ya no solo debía combatir contra las tropas del ejército rebelde, que contaron desde muy pronto con el apoyo material de Italia y Alemania, sino que tuvo también que poner coto a los desmanes que se estaban produciendo entre los suyos.


Lo más grave de una guerra civil es que, de alguna manera, se produce en el interior de cada familia. Los que compartieron el mismo pan de pronto se ven situados en diferentes trincheras y les toca luchar por su supervivencia muchas veces en contra de los suyos. Es difícil reparar el dolor que todo eso comporta, cerrar esa inmensa herida.

 

Pero el paso del tiempo quizá lo que permita saber es cómo sucedieron de verdad las cosas. ¿Será posible algún día establecer en relación a la Guerra Civil algunos puntos que estén más allá de las distintas interpretaciones y de las lecturas interesadas, y se pueda, por tanto, trascender las distintas memorias colectivas para volver al terreno de la historia?


Seguramente el desafío pendiente siga siendo el de volver a los hechos, y eso pasa por la lenta y paciente demolición de los mitos y leyendas que construyeron los vencedores (y también los vencidos) sobre su papel en aquel terrible drama. Que haya sido la propia Real Academia de la Historia la que no haya sabido ser extremadamente delicada con un material tan inflamable solo confirma cuánto les queda por hacer a los españoles para volver al pasado con honradez y coraje para entender lo que de verdad pasó.


HECHOS CLAVE EN EL GOLPE DE JULIO DEL 36


» 16 de julio. El general Anselmo Balmes, jefe militar de Gran Canaria, muere de un disparo en extrañas circunstancias y en el momento más oportuno para Franco, que precisaba de un motivo para dejar Tenerife. En Gran Canaria le aguardaba el avión Dragon Rapide, contratado por los conspiradores.


» 17 de julio. Franco preside las exequias de Balmes en Las Palmas. A las 17 horas, en Melilla, un grupo de mandos detiene al general Manuel Romerales, jefe de la circunscripción oriental del protectorado español en Marruecos, por no apoyar la rebelión (le fusilaron semanas más tarde). También arrestan al general Agustín Gómez Morato, principal mando militar español en el norte de África, y comienzan los encarcelamientos o asesinatos de personas incluidas en listas negras.


» 18 de julio. La sublevación se extiende. Franco vuela a Marruecos en el Dragon Rapide, pero la primera noche pernocta en Casablanca, fuera de la zona del protectorado español. Fuerzas del “director” del golpe, Emilio Mola, detienen en Burgos al jefe de la VI Región, el general Domingo Batet (ejecutado meses después) y todo su territorio pasa a ser rebelde.


» 19 de julio. Franco recala en Tetuán y lanza su proclama: “España se ha salvado (…). Podéis enorgulleceros de ser españoles, pues ya no caben en nuestro solar los traidores”. Tras la dimisión del jefe del Gobierno, Santiago Casares, el designado para sustituirle, Diego Martínez Barrio, fracasa en sus gestiones con generales rebeldes (Emilio Mola, Miguel Cabanellas). Horas después se forma otro Gobierno, encabezado por José Giral, que da curso a la exigencia de sindicatos y partidos para formar milicias armadas.


» 20 de julio. El general José Sanjurjo —protagonista de una intentona en 1932—, probable jefe del Estado si hubiera triunfado el golpe de 1936, muere al estrellarse el avión que había ido a recogerle a Portugal. La sublevación fracasa en Madrid y Barcelona, la lucha se generaliza. El golpe no triunfa, pero la República tampoco puede aplastarlo. Franco despacha su primera petición urgente de aviones “para el ejército español no marxista” en “Inglaterra, Alemania o Italia”.


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Re: Así empezó la guerra civil (#7686235) el 17-07-2011 a las 18:58:08

Joda a quien le joda, si el bando nacional ganó fué por que la población española estaba hasta los huevos del régimen quema-iglesias de la República y apoyó a los sublevados, viendo una nueva esperanza para nuestra nación.
Y por supuesto hubo muertos para aburrir en los dos bandos, así que basta ya de que a través de peliculas, documentales y etc nos vendan la moto de que solo hubo muertos republicanos. Paracuellos y los sicarios de Carrillo por poner un ejemplo

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